Para muchas personas, compartir la cama con su gato es una de las mejores partes del día. Para otras, en cambio, la idea de dormir junto a una mascota resulta incómoda o poco higiénica. Entre ambas posturas, los especialistas coinciden en que no existe una respuesta universal: todo depende de la salud del animal, de la persona y de cómo influye esa convivencia en la calidad del descanso.